SANTOS DEL 9 DE NOVIEMBRE

SAN TEODORO DE AMASEA

   El martirio de San Teodoro, soldado, en Amasea en el Ponto; el cual en tiempo del emperador Maximiano fue cruelmente azotado por haber confesado a Cristo: después de esto estando en la cárcel se le apareció el Señor exhortándole a la constancia y fortaleza, con lo cual cobró nuevo valor, y sufrió que extendido en el potro le despedazasen sus carnes con uñas de hierro hasta vérsele las entrañas, y de esta suerte lo arrojaron en una hoguera para ser quemado.

   Gregorio Niseno hizo de él un excelente panegírico. Fue el martirio de este Santo por los años de 304. Era muy célebre y tenido en gran veneración en todo riente por las señaladas victorias que algunos emperadores alcanzaron de los bárbaros por su intercesión. Por esto le edificaron templos, e iban los fieles en romería a visitar el cuerpo de San Teodoro en la ciudad de Euchayta, y en Roma también se le edificó Iglesia, que aún subsiste, y es título de cardenal diácono. Nótese que este Santo mártir Teodoro es llamado Tiro o Tyron, que significa solado bisoño, a diferencia de otro Teodoro también mártir, que fue centurión o capitán: llámase igualmente Teodoro Amaseno, del nombre de la ciudad en que padeció martirio. En la ciudad de Venencia dice el Obispo Quilino que está el cuerpo de San Teodoro, en la Iglesia de San Salvador; pero no es el de este, sino del otro centurión, por sobrenombre Stratilates, que murió en Heraclea martirizado en tiempo de Licinio.

SAN ORESTES

   El martirio de San Orestes, en Tiana en Capadocia, en tiempo del emperador Diocleciano. Fue cruelmente azotado, luego le atravesaron los talones con clavos, y después lo arrastraron hasta que expiró. San Basilio el Grande era particular devoto de este Santo mártir, en cuya advocación erigió una Iglesia en la misma ciudad de Capadocia.

SAN ALEJANDRO
304 d.C.

   San Alejandro, mártir en Tesalónica, en tiempo del emperador Maximiano. Habiendo sido arrastrado hasta donde se hallaba un altar de ídolos, dio un puntapie al altar, y éste y los ídolos rodaron por el suelo. Indignado Maximiano mandó que al punto fuese degollado. Pero al levantar el verdugo la cuchilla se quedó parado: respondiéndole el emperador por su torpeza, él contestó que una fuerza sobrenatural le impedía el uso del brazo. Alejandro se puso entonces en oración, y pasada una hora le fue cortada la cabeza, y voló su espíritu a Dios. Era el año 304.

SAN URSINO
Siglo III d.C.

   San Ursino, confesor, en Bourges, ordenado en Roma por los sucesores de los Apóstoles, y destinado para primer Obispo de aquella ciudad.

SAN AGRIPINO
Siglo III d.C.

   San Agripino, Obispo en Nápoles de Campaña, esclarecido en milagros. Fueron sus milagros tan numerosos, que un contemporáneo suyo escribió todo un libro de ellos, al cual se refiere Ferrario en el Catálogo de los Santos de Italia.

SANTA EUSTOLIA

   Las Santas vírgenes Eustolia, Romana y Sopatra, hija del emperador Mauricio, en Constantinopla. Era Eustolia una noble romana, y habiendo conocido en Constantinopla, de regreso de Jerusalén, a la virgen Sopatra, hija del emperador Mauricio, resolvieron vivir ambas juntas en soledad. El emperador fundó entonces un célebre monasterio en Constantinopla, el cual dio a las dos esposas de Cristo, que lo pusieron bajo la regla de San Basilio.

BEATA ISABEL DE LA TRINIDAD CATEZ
1906 d.C.

Elisabeth Catez, desde muy joven manifiesta una llamada singular a la vida de intimidad con Dios, esta

intimidad que irá creciendo en ella y marcando profundamente su vida espiritual.

 
Nace el 18 de julio de 1880 en el campo de Avor, cerca de Bourges. Elisabeth es de una naturaleza apasionada y viva, extremadamente sensible, pronta a la cólera; pero ella sabrá vencerse por amor, convirtiéndose así en una adolescente y luego en una joven atrayente por su afecto y simpatía, llena de alegría y olvido de sí misma; al mismo tiempo que irradiará a Dios que habita en su corazón. Elisabeth entra en el Carmelo de Dijon –Francia- el 2 de agosto de 1901, su nombre será Hna Isabel de la Trinidad. Más que nunca su vida se enraíza en el misterio Trinitario “que ya aquí en la tierra es nuestra morada”.


De una fe viva y siempre en vilo que le lleva a unirse sin cesar a “sus Tres”. “Que mi vida sea una oración continua, que nada pueda distraerme de Ti”. Plenamente satisfecha, fiel a su gracia y toda entregada al Amor, se consume rápidamente.


En medio de los grandes sufrimientos escribirá a su hermana que está cansada: “Cree siempre en el Amor. Si tú tienes muchos sufrimientos, piensa que entonces eres más amada y canta siempre la acción de gracias”.


Pocos días después, el 9 de noviembre de 1906, la pequeña Alabanza de Gloria se marchó “a la Luz, al Amor, a la Vida”. Son sus últimas palabras.

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El 25 de noviembre de 1984, el Papa Juan Pablo II la proclamó en Roma Bienaventurada.

“Me parece que en el Cielo, mi misión será atraer a las almas y ayudarlas a salir de ellas mismas para adherirse a Dios por un movimiento simple de amor y guardarlas en ese gran silencio interior que permite a Dios imprimirse en ellas y transformarlas en Él".


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(Escuela Cima)