SANTOS DEL 2 DE NOVIEMBRE

San Victoriano

   El martirio de San Victoriano, Obispo, en Poitiers; el cual despuès de haber escrito muchas obras segùn el testimonio de San Jerònimo, fue coronado con el martirio durante la persecuciòn de Diocleciano. San Jerònimo llama a este Padre una de las bases o columnas de la Iglesia, y nos dice que sus obras fueron sublimes en sentido y sustancia, aunque su estilo latino era bajo, porque era griego de nacimiento. Profesò la oratoria en alguna ciudad de Grecia; màs considerando la vanidad del mundo consagrò su ciencia a la Religiòn, y fue hecho Obispo de Pettau en la Panonia superior, ahora Styria; siendo indudablemente equivocaciòn del Martirologio señalarle Obispo de Poitiers. Este Padre escribiò contra las màs de las herejìas de su siglo, y florecìa por los años 290.

San Justo

   El martirio de San Justo, en Trieste, durante la misma persecuciòn, siendo presidente Manacio. Despuès de azotado, fue arrojado al mar.

San Carterio

   Los Santos màrtires Carterio, Siriaco, Tobìas, Eudoxio, Agapio y sus compañeros, en Sebaste, en tiempo del emperador Licinio. Servìan estos Santos en los ejèrcitos romanos, y se hallaban en Sebaste cuando por disposiciòn del presidente Marcelo fueron presos por ser cristianos, luego azotados, y ùltimamente puestos en una hoguera, donde recibieron la palma del martirio.

  San Acindino

   Los Santos màrtires Acindino, Pegasio, Aftonio, Elpidèforo y Anempodisto, con otros muchos compañeros, en Persia. Vivìan los dos primeros en Persia, como ermitaños, aunque salìan de su retiro para instruir en la fe a los pueblos inmediatos. Fueron presos por orden del rey de Persia, y los azotaron, y metieron en una caldera de plomo derretido, de la cual salieron ilesos. A vista de este milagro, el soldado Aftonio se convirtiò a la fe, y allì mismo fue degollado, y los dos Santos anacoretas metidos en sacos de cuero, fueron arrojados al mar. Los soldados que los custodiaban, testigos de su constancia, abrazaron tambièn la fe, y habièndoles cortado las manos, alcanzaron la corona del martirio.

   Entonces Elpidèforo, del orden senatorio, fue tocado de la gracia de Dios, y confesando de improviso el nombre de Jesucristo, reprendiò al rey por su crueldad, y a su ejemplo abrazaron al Cristianismo unas siete mil personas, las cuales junto con èl murieron al filo de la espada al dìa siguiente. Aconteciò esta horrible carnicerìa a mediados del siglo IV.

San Publio

   El martirio de los Santos màrtires Publio, Vìctor, Hermeto y Papìas, en Àfrica, durante la persecuciòn del emperador Decio, en el siglo III.

Santa Eustoquia

   Santa Eustoquia, virgen y màrtir, en Tarso de Cilicia; la cual en tiempo del emperador Juliano Apòstata, despuès de padecer atroces tormentos, entregò el alma estando en oraciòn. Conociò la religiòn cristiana desde sus primeros años, y viviò consagrada a Jesucristo. Queriendo el emperador Juliano Apòstata obligarla a ofrecer incienso a los ìdolos, ella se resistiò con el valor màs heròico, por cuyo motivo consiguiò el triunfo del martirio por los años de 362.

San Teodoto

   San Teodoto, Obispo, en Laodicea de Siria, esclarecido no sòlo por su elocuencia, sino tambièn por sus acciones y virtudes. Habiendo sido este Santo designado milagrosamente para ocupar la silla episcopal de Laodicea, le fue dado el nombre de Teodoto, dado por Dios, que algunos han confundido despuès con el de Teodoro.

  San Marciano

   San Marciano, confesor, en Ciro de Siria. Era de familia patricia, y su padre ocupaba puestos elevadìsimos en la corte imperial, en la cual se criò el Santo desde niño. Èste, no obstante, tan luego como conociò la vanidad del mundo, se retirò a un desierto en los confines de la Arabia, donde bien pronto la fama de su santidad le adquiriò numerosos discìpulos, con los cuales se formò un monasterio famoso. Cierto dìa fueron a visitarle los principales Obispos de Siria, y aunque quisieron ordenarle sacerdote, desistieron de su propòsito a vista de la repugnancia que opuso la humildad del santo anacoreta. Diferentes milagros aumentaron aùn màs la veneraciòn en que era tenido el siervo de Dios, que muriò en su pequeña celdita por los años de 387.

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(Escuela Cima)