San Frumencio
San Frumencio, Obispo, en la
India; el cual primeramente fue llevado cautivo a aquel paìs, y despuès
ordenado Obispo por San Atanasio, dilatò el Evangelio en aquellas
provincias. Naciò en Tiro, de padres cristianos, y era todavìa
de tierna edad cuando acompañando a un tìo suyo que se dirigìa
a la India, cuyo nombre daban los antiguos a Etiopìa, cayò
eclavo de los bàrbaros de aquel paìs. Siendo presentado al
rey de Axuma, mandò èste que le educasen, màs adelante
le nombrò su secretario de Estado, y cuando muriò le dio no
solamente la libertad, sino que encargò a la reina, que debìa
gobernar en calidad de regenta, que se confiase absolutamente al consejo
de Frumencio. Entonces aprovechàndose el Santo del favor de que gozaba,
protegiò el Cristianismo, y muy pronto se hizo respetable a los infieles.
En este estado se dirigiò San Frumencio a San Atanasio
en Alejandrìa, y le pidiò un Obispo para completar la obra
que èl habìa comenzado; y San Atanasio creyò que nadie
màs a propòsito para el caso que el mismo Frumencio, y en su
consecuencia fue consagrado en la misma ciudad de Alejandrìa. De vuelta
a Axuma, con sus predicacines y milagros consiguiò que toda la naciòn
abrazase la religiòn cristiana. Bautizò a toda la familia
real, y dejando en floreciente estado la nueva Iglesia, que le reconoce
por su apòstol, muriò en la paz del Señor en Axuma,
durante el siglo IV. Esta ciudad se llama ahora Accum, y pequeña y
arruinada como està, se titula ùnica ciudad de Abisinia. Hàllase
a cuarenta y dos leguas de Adala, dos millas del mar Rojo, y era antiguo
puerto de mar, y el mayor de toda Etiopìa. Las antiguas inscripciones,
los obeliscos y otros monumentos que por sus contornos se descubren, iguales
a los de Menfis, son pruebas ciertas de su pasada grandeza.