SANTOS DEL 27 DE OCTUBRE

San Vicente

   El martirio de los Santos Vicente, Sabina y Cristeta, en Avila en España; los cuales primero fueron estirados en el caballete hasta que se les descoyonturaron todos los miembros; despuès ponièndoles las cabezas sobre unas piedras, las machacaron hasta hacerles saltar los sesos, en cuyo tormento consumaron el martirio. Fue esto por sentencia del presidente Daciano.

San Florencio

   San Florencio, màrtir, en Tille-le-Chasteau en Borgoña. Aunque algunos han confundido este San Florencio, màrtir, con otro San Florencio, confesor, al cual hace fiesta la iglesia de Sevilla el dìa 23 de febrero; tiènese por cierto que el San Florencio que hoy se señala padeciò en Tille, lugar que si bien se ha pretendido por el territorio de Sevilla, no pertenece sino a la Galia, conforme lo colocan los Martirologios; a no equivocarse tal vez con Sile; pueblo del Egipto inferior, o con Tele junto a Medina de Rioseco, donde se tuvo el Concilio Telense.

Santa Capitolina

   Las Santas màrtires Capitolina, y Erotèida, su criada, en Capadocia; las cuales padecieron en tiempo de Diocleciano.

San Frumencio

 

   San Frumencio, Obispo, en la India; el cual primeramente fue llevado cautivo a aquel paìs, y despuès ordenado Obispo por San Atanasio, dilatò el Evangelio en aquellas provincias. Naciò en Tiro, de padres cristianos, y era todavìa de tierna edad cuando acompañando a un tìo suyo que se dirigìa  a la India, cuyo nombre daban los antiguos a Etiopìa, cayò eclavo de los bàrbaros de aquel paìs. Siendo presentado al rey de Axuma, mandò èste que le educasen, màs adelante le nombrò su secretario de Estado, y cuando muriò le dio no solamente la libertad, sino que encargò a la reina, que debìa gobernar en calidad de regenta, que se confiase absolutamente al consejo de Frumencio. Entonces aprovechàndose el Santo del favor de que gozaba, protegiò el Cristianismo, y muy pronto se hizo respetable a los infieles.

   En este estado se dirigiò San Frumencio a San Atanasio en Alejandrìa, y le pidiò un Obispo para completar la obra que èl habìa comenzado; y San Atanasio creyò que nadie màs a propòsito para el caso que el mismo Frumencio, y en su consecuencia fue consagrado en la misma ciudad de Alejandrìa. De vuelta a Axuma, con sus predicacines y milagros consiguiò que toda la naciòn abrazase la religiòn cristiana. Bautizò a toda la familia real, y dejando en floreciente estado la nueva Iglesia, que le reconoce por su apòstol, muriò en la paz del Señor en Axuma, durante el siglo IV. Esta ciudad se llama ahora Accum, y pequeña y arruinada como està, se titula ùnica ciudad de Abisinia. Hàllase a cuarenta y dos leguas de Adala, dos millas del mar Rojo, y era antiguo puerto de mar, y el mayor de toda Etiopìa. Las antiguas inscripciones, los obeliscos y otros monumentos que por sus contornos se descubren, iguales a los de Menfis, son pruebas ciertas de su pasada grandeza.

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(Escuela Cima)