SANTOS DEL 25 DE OCTUBRE
San Crisanto
Los Santos màrtires
Crisanto y Darìa, su mujer, en Roma; los cuales despuès de muchos
tormentos que padecieron por Jesucristo, en tiempo del prefecto Celerino,
por sentencia del emperador Numeriano fueron echados en un arenal en la Via
Salaria, y allì con piedras y tierra los sepultados vivos.
San Teodosio
El martirio de cuarenta y seis
soldados, que fueron bautizados juntos por el Papa Dionisio, e inmediatamente
fueron degollados por orden del emperador Claudio, y sepultados en la Via
Salaria, tambièn en Roma; allì mismo fueron tambièn depositados
otros ciento veinte y un màrtires, entre los cuales estaban los cuatro
soldados de Jesucristo siguientes: Teodosio, Lucio, Màrcos y Pedro.
San Crispìn
Los Santos màrtires
Crispìn y Crispiniano, nobles romanos, en Soissons en Francia; los
cuales en la persecuciòn de Diocleciano, en tiempo del presidente Riccio
Varo, despuès de padecer crueles tormentos, siendo degollados consiguieron
la palma del martirio; sus cuerpos fueron despuès llevados a Roma,
y sepultados honorìficamente en la iglesia de San Lorenzo, llamada
in Panisperma.
San Miniato
La Pasiòn de San Miniato,
soldado, en Florencia; el cual en tiempo del emperador Decio, peleando generosamente
por la fe de Jesucristo, alcanzò la corona del martirio.
San Proto
Los Santos màrtires
Protp, presbìtero, y Januario diàcono, en Torres de Cerdeña;
los cuales habiendo sido enviados a aquella isla por el Papa San Cayo, en
tiempo de Diocleciano fueron martirizados por orden del presidente Bàrbaro.
San Martirio
El martirio de los Santos Martirio,
subdiàcono, y Marciano, cantor, en Constantinopla, martirizados por
los herejes en tiempo del emperador Constancio.
San Frontòn
San Frontòn, en Perigord
en Francia. Fue consagrado Obispo por el apòstol San Pedro, despuès
de haberle convertido a Jesucristo en compañìa de JOrge, presbìtero,
con una gran multitud de gentiles: esclarecido en milagros, descansò
en paz.
San Gaudencio
La gloriosa muerte de San Gaudencio,
Obispo, esclarecido en santidad y doctrina, en Brescia. Fue elegido Obispo
de Brescia para suceder a San Filastro, que habìa sido su maestro.
Confirmada la elecciòn por los Obispos de la provincia y por San Ambrosio
su metropolitano, fue preciso para decidirle a admitir el cargo amenazarle
con la excomuniòn. En 405 fue otro de los legados que el Concilio de
Roma enviò al emperador Arcadio para defender la causa de San Juan
Crisòstomo. Su sabidurìa y su virtud estàn impresas en
todas las obras que de èl nos han quedado, y de ellas se colige que
muriò por los años de 420.