SANTOS DEL 24 DE OCTUBRE
San Fèlix
El martirio de los Santos màrtires
Fèlix, Obispo, en Àfrica, Adaucto y Januario, presbìteros,
Fortunato y Sèptimo, lectores, en Venosa en la Pulla; los cuales en
tiempo de Diocleciano, por orden de Magdeliano, su procurador, despuès
de haber sido por largo tiempo molestados con cadenas y càrceles en
Àfrica y en Sicilia, como Fèlix insistiese en no querer entregar
los libros sagrados, segùn estaba mandado por un edicto imperial, por
ùltimo fueron degollados.
San Aretas
El martirio de los Santos Aretas
y trescientos cuarenta compañeros, que fueron asesinados en tiempo
del emperador Justino por un tirano judìo llamado Dunaan, en territorio
de los Homeritas en la ciudad de Nagran: despuès de èstos fue
quemada una mujer cristiana; y un hijo suyo, de edad de cinco años,
que tartamudeando confesaba a Jesucristo, ni con caricias, ni con amenazas
le pudieron impedir que se arrojase en la hoguera, donde estaba ardiendo su
madre.
San Proclo
San Proclo, Obispo, en Constantinopla.
Señalòse particularmente este Santo en la defensa de las prerrogativas
de la Santìsima Virgen, contra lo que afirmaban los Nestorianos, y
recibiò sin duda por esta razòn favores muy especiales de la
Madre de Dios. San Proclo enseñò a su pueblo a cantar el sagrado
Trisagio, en esta forma: Santo Dios, Santo Fuerte; Santo Inmortal, etc., en
ocasiòn que sufrìa Constantinopla grandes temblores de tierra,
y usando el pueblo de esta peticiòn, al fin cesaron. Dìcese
que San Proclo tuvo una visiòn en que se le aparecieron algunos coros
de Àngeles que entonaban aquel sagrado càntico. Lo cierto es
que desde entonces està en uso en la Iglesia, y sirve para implorar
la misericordia de Dios en todas las necesidades. Es de advertir empero que
el Trisagio o Sanctus que se canta en la Misa es mucho màs antiguo.
Isaìas oyò a los Serafines cantar tres veces Sanctus, y alabar
con esta doxilogìa al Fuerte y al Inmortal en los cielos, Dios que
subsiste adorable en tres Personas. Y del cielo mismo es donde la Iglesia
ha tomado este himno con que San Juan nos asegura que los Santos alaban a
Dios por toda la eternidad.