SANTOS DEL 23 DE
DICIEMBRE
Santa Victoria
Santa
Victoria, virgen y mártir, en Roma; la cual en la
persecución del emperador Decio, siendo desposada con Eugenio;
idòlatra, como no quisiese casarse con él, ni ofrecer
sacrificios a los ídolos, después de haber obrado muchos
milagros, por los cuales se habían convertido a la fe muchas
doncellas, a instancia de su propio esposo le atravesó el
verdugo el corazón, y murió.
San Migdonio
El martirio
de los Santos Migdonio y Mardonio; los cuales dieron su vida en la
persecución de Diocleciano, el uno quemado, y el otro soterrado
en un hoyo. Entonces padeció también un diácono de
San Antimio, Obispo de Nicomedia; el cual llevando unas cartas a los
Mártires, fue preso por los gentiles, y apedreado pasó al
Señor.
San Teodulo
250 d.C.

Los Santos
Mártires Teódulo, Saturnino, Euporo, Gelasio, Euniciano,
Zetico, Cleomenes (por otro nombre Pompeyo), Agatopo, Basílides
y Evaristo, en Creta; los cuales en la persecución de Decio,
después de padecer crueles tormentos, murieron degollados en la
metrópoli de la isla. El Concilio de Creta celebrado en el
año 438 escribió al Emperador León que esta isla
había sido hasta entonces preservada de todo linaje de
herejías, en virtud de la oración que estos diez Santos
mártires hicieron a Dios poco antes de entregar el cuello a la
espada.
San Sérvulo
590 d.C.

San
Sérvulo, en Roma, de quien escribe San Gregorio que desde su
niñez hasta que expiró vivió paralítico
tendido en un pórtico junto a la Iglesia de San Clemente; y
cuando llegó su fin, llamándole los Ángeles con
cánticos, pasó a la gloria del paraíso. Son muy
frecuentes los milagros que obra el Señor en el sepulcro de este
Santo.
San Vintila
En una
ermita junto a Santa María de Pungin dentro del arcedianato de
Castela, a tres leguas de Orense, se venera el cuerpo de San Vintila,
del cual dicen haber nacido en España de padres cristianos, que
le educaron en el temor de Dios, y le dedicaron a las letras.
Tenía él buen talento, aprovechó en los estudios,
y más en la virtud. Era misericordioso, honesto,
causábale horror hasta la sombra de pecado. Quísole Dios
apartar de los riesgos del mundo, y le llamó a la vida
solitaria. Obedeciendo él al impulso del Espíritu Santo
dejó su casa y parentela, y se retiró a un monasterio,
donde fue probada su vocación, y alcanzó licencia para
retirarse al desierto.
Allí fue ejercitado con recias tentaciones, las
cuales vencía con la oración, con la mortificación
continua y general de sus pasiones. Volaba la fama de este Siervo de
Dios, de muchas partes acudían a él gentes faltas de
salud, o necesitadas de consejo, o deseosas de mejorar de estado o de
vida. Obraba Dios por su intercesión grandes milagros,
Así perseveró dando buen olor de virtud hasta que le
llamó Dios para sí. Fue su dichosa muerte un día
como hoy del año 890. Su cuerpo está en un sepulcro de
piedra.