SANTOS DEL 1 DE NOVIEMBRE

Fiesta de todos los Santos

   La fiesta de todos los Santos, la cual el Papa Bonifacio IV, despues de haber consagrado el templo llamado Panteòn, ordenò que se celebrase en Roma todos los años solemne y ubiversalmente en honor de la Beatìsima Virgen Marìa Madre de Dios y de los Santos Màrtires; y Gregorio IV despuès determinò que esta misma fiesta, que ya se celebraba, aunque con variedad, en diferentes iglesias, fuese solemne y perpetua en toda la Iglesia Catòlica en honor de todos los Santos.

San Cesareo



   El martirio de San Cesareo o Cesario, diàcono, en Terracina de Campaña; el cual despuès de haber sido mortificado por muchos dìas en la càrcel, fue metido en un saco juntamente con San Juliàn, presbìtero, y luego precipitado en el mar.

   Habìa en Terracina, en Italia, la impìa y bàrbara costumbre de ofrecerse voluntariamente un joven en ciertas festividades por sacrificio a Apolo, deidad tutelar de aquella ciudad. Èste despuès de haber sido obsequiado, adornado con ricas vestiduras ofrecìa sacrificio a Apolo, y luego se arrojaba al mar desde una elevada roca, y quedaba sumergido en sus ondas Cesario, santo diàcono que habìa ido allì desde Àfrica, se hallò presente una vez a esta tràgica escena, y no pudiendo contener su celo condenò pùblicamente una supersticiòn tan abominable. El sacerdote del ìdolo mandò que lo prendiesen y lo entregasen al gobernador, por cuya sentencia el diàcono Cesareo, juntamente con un presbìtero llamado Juliàn, o Luciano segùn algunos, fue puesto en un saco y arrojado al mar el año 300, imperando Diocleciano.San Gregorio Magno hace menciòn de una iglesia de San Cesareo en Roma, la cual reedificò el Papa Clemente VIII, creando Cardenal diàcono de ella a su sobrino Aldobrandini.

San Benigno

   San Benigno, presbìtero, en Dijon de Francia; el cual siendo enviado por San Policarpo a la Galia a predicar el Evangelio, en tiempo del Emperador Marco Aurelio, despuès de haber sido atormentado cruelmente por mandato del juez Terencio, le quebrantaron el cueloo con una barra de hierro, y le atravesaron el cuerpo con una lanza. Entre los Santos misioneros romanos que predicaron la fe en la Galia, en el siglo III, San Benigno puso los primeros cimientos, y fundò la iglesia de Borgoña, de la cual es considerado el apòstol. Recibiò la corona del martirio cerca de Dijon, probablemente en el reinado de Aureliano, por los años de 272. San Gregorio de Tours cuenta varios milagros obrados en la tumba de San Benigno. Sus reliquias parece que despuès fueron trasladadas a Alemania.

Santa Marìa, La Esclava

   Santa Marìa, La Esclava; la cual siendo acusada de que era cristiana, en tiempo de Aureliano fue azotada cruelmente, extendida en el potro, despedazada con uñas de hierro, y asì alcanzò la palma del martirio.

   Era esclava de Tertulo, senador romano. Oraba mucho, y ayunaba frecuentemente, cuya devociòn desagradò a su supersticiosa ama; pero su fidelidad y diligencia la hacìan apreciable de su Señor. La persecuciòn de Diocleciano aterrorizaba entonces todo el imperio. Tertulo, temeroso de perderla, no pudiendo vencer su constancia con promesas, la hizo azotar cruelmente, y luego la hizo encerrar en un aposento oscuro, donde permaneciò treinta dìas sin màs alimento que pan y agua. Pero habiendo llegado a noticia del juez esta ocurrencia, llamò a Marìa ante su tribunal. Al oìr el populacho la confesiòn de la Santa, pidiò que la quemasen viva. El juez mandò que la atormentasen, cuya orden fue con tal crueldad ejecutada, que el inconstante vulgo clamò a grandes voces que la libertasen.

   El juez para apaciguarle, mandò quitar a la màrtir del potro, y la entregò a la custodia de un soldado. La virgen, màs alarmada por el peligro de su pureza que por los tormentos, buscò y encontrò modo de escapar, y huyò a los montes. Acabò, pues, su carrera con una muerte dichosa, aunque no al filo del cuchillo; y es titulada màrtir en el Martirologio romano y en otros, porque se daba comùnmente por San Cipriano y otros escritores aquel tìtulo a todos los que habìan sufrido con constancia algunos tormentos por perseverar en la fe de Cristo.

Santa Cirenia

   Las Santas Cirenia y Juliana, en Tarso, en tiempo del emperador Maximiano. Cirenia fue presa por mandato del prefecto de Cilicia. No queriendo renunciar a la religiòn de Cristo, le rasuraron la cabeza, le montaron en un asno, y la pasearon por toda la ciudad. Luego desnudàndola en medio de la plaza, se puso ella en oraciòn, y el Señor cubriò milagrosamente su desnudez. Despuès le echaron en un horno encendido en compañìa de Juliana, piadosa y santa mujer de la misma ciudad; y ambas consiguieron en la hoguera la gloriosa palma del martirio.

San Marcelo

   San Marcelo, Obispo, en Parìs. Naciò en esta ciudad, de padres no de alta jerarquìa, pero en quienes resaltaba el honor de la virtud. La pureza, la modestia, la dulzura, la caridad y la mortificaciòn fueron las principales partes que caracterizaron a San Marcelo, de maera que aùn siendo joven mereciò ser elevado al sacerdocio; y desde entonces principiò ya el Santo a dar pruebas de haberle dotado el cielo con el don de milagros. Por muerte de Prudencio fue unànimemente elegido Obispo de Parìs, cuyo cargo le hizo màs humilde y vigilante en su desempeño. Entre otros milagros suyos se cuentan el de haber libertado a su patria de una horrible serpiente que habitaba en el sepulcro de una adùltera. Muriò a principios del siglo V el 1 de noviembre, y su cuerpo fue enterrado en un luhar pequeño, que ahora està unido a la ciudad, y se llama arrabal de Saint-Marceau.

San Vigor



   San Vigor, Obispo, en Bayeaux, en tiempo de Childeberto, rey de Francia.

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(Escuela Cima)