SANTOS DEL 14 DE NOVIEMBRE

   SAN CLEMENTINO

   El triunfo de los Santos mártires Clementino, Teodoto y Filomeno, en Heraclea en Francia, durante la persecución de Aureliano.

SAN SERAPIÓN

   San Serapión, mártir en Alejandría; a quien en tiempo del emperador Decio atormentaron cruelmente los perseguidores, descoyuntándole primero todos sus miembros, y de esta suerte le precipitaron desde lo alto de su misma casa, con lo cual mereció ser mártir de Jesucristo el año 252.

SAN VENERANDO

   San Venerando, mártir, en Troyes de Francia, en tiempo del emperador Aureliano. Después de un glorioso martirio, acabó su vida degollado en la misma ciudad el año 272.

SANTA VENERANDA

   Santa Veneranda, virgen, en Francia; la cual en tiempo del emperador Antonino, siendo Asclepíades presidente, alcanzó la corona de mártir.

SAN HIPACIO



   San Hipacio, Obispo, en Gangres en Paflagonia; el cual cuando volvía del concilio Niceno, le apedrearon en el camino los herejes novacianos, y murió mártir en el año 327.

SAN SERAPIÓN
1240 d.C.



   San Serapión, en Argel en África, el primero de los de a Orden de nuestra Señora de la Merced, que por la redención de los fieles cautivos y predicación de la fe cristiana, ciendo crucificado y despedazado miembro a miembro, mereció obtener la palma del martirio.

LAS SANTAS MUJERES DE EMESA

   El martirio de muchísimas santas mujeres, en Emesa, que por la fe Cristo padecieron muy atroces tormentos por el cruel Mady, caudillo de los árabes. Fueron al fin degolladas el año 773 de Jesucristo. Los fieles recogieron sus reliquias y les dieron sepultura, y con su contacto se obraron muchos prodigios.

SAN JUCUNDO

   San Jucundo, Obispo y confesor, en Bolonia. Dice Ferrario que fue el décimo Obispo de Bolonia, cuya iglesia hizo florecer en pureza de disciplina y santidad de costumbres. Murió el año 485.

SAN LORENZO



   San Lorenzo, Obispo de Dublín, en Irlanda. Fue hijo menor de un príncipe de Irlanda. Contaba con doce años cuando abrazó el estado eclesiástico, y a los 25 le nombraron abad del monasterio de Glendaloch. Gobernó su numerosa comunidad con prudencia y virtud, y en una gran hambre que afligió a aquella tierra, como otro José fue el salvador de su patria con su caridad ilimitada.

   No por esto faltaron tribulaciones a su paciencia para ejercitar su virtud; porque algunos malos religiosos que no podían sufrir el celo con que condenaba la irregularidad de su conducta, asaltaron su reputación con la calumnia, más el Santo triunfó con su bondad y su silencio. A la edad de 30 años fue unánimemente elegido Arzobispo de Dublín; en su largo `pontificado tuvo lugar para desplegar su celo por la reforma de la disciplina eclesiástica y las costumbres públicas. Los pobres lo buscaban como a su padre; y en la horrorosa hambre que por tres años asoló a Irlanda, mostró el venerable Pastor que su caridad no tenía límites.

   Los pontífices, los reyes y príncipes procuraban sus consejos, y hasta los Padres del onceno concilio general celebrado en Letrán el año 1179, al cual asistió San Lorenzo, le tributaron los mayores elogios por su sabiduría y su celo. El Señor le concedió el don de milagros, de modo que en la bula de canonización se refieren siete muertos resucitados. Su vida fue siempre acompañada de bendiciones, y su muerte, acaecida el año 1181, fue también gloriosa en el Señor.

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(Escuela Cima)