SANTOS DEL 12 DE NOVIEMBRE

San Martín, Papa

   El martirio de San Martín, Papa y mártir; el cual habiendo celebrado un Concilio en Roma, y condenado en él a los herejes Sergio, Paulo y Pirro, por orden del emperador Constante, hereje, lo prendieron con engaño, y llevado a Constantinopla, fue desterrado al Quersoneso, en donde consumado con muchos trabajos y miserias, por defender la fe católica acabó su vida esclarecido con muchos milagros. Su cuerpo lo trasladaron después a Roma, dándole sepultura en la iglesia de los Santos Silvestre y Martino.

San Aurelio

   El martirio de los Santos Aurelio y Publio, Obispos, en Asia. Refiere Galesinio que estos dos Santos fueron consagrados Obispos por los discípulos de los Apóstoles y enviados al Asia, en cuya región no sólo convirtieron a muchos infieles, sino que con sus escritos combatieron los errores de ciertos herejes llamados Catafrigas, los cuales aparecieron el segundo siglo de la Iglesia, Se ignoran los nombres de las ciudades de que fueron Obispos, y sólo se sabe que derramaron su sangre en testimonio de Jesucristo el año 173.

San Livino

   San Livino, Obispo y mártir, en Gante. Fue un sabio y piadoso Obispo irlandeés que pasó a Flandes para predicar la fe a los idólatras. Comenzó esta misión después de prepararse con fervorosos actos de piedad, y por medio de la predicacion y del ejemplo convirtió a muchísimos infieles en los territorios de Alost y de Hautem. Habiendo cultivado la poesía en su juventud, compuso himnos y otras composiciones en Esche el año 633, Según Colgan, quien dice que fue Obispo de Dublín.

   Fue enterrado en Hautem, a tres millas de Gante, y sus reliquias trasladadas al gran monasterio de esta ciudad el año 1006. En una urna junto a la de San Livino se guardan las reliquias de Santa Crafaildes, dama en cuya casa fue martirizado el Santo, y muerta por los mismos bárbaros sólo porque lloraba la muerte del glorioso mártir, y la de su hijo Brictio, a quien acababa de bautizar San Livino.

San Benedicto
1005 d.C.



   Los Santos mártires Benedicto, Juan, Mateo, Isaac y Cristino, ermitaños, en Polonia. Murieron a manos de los herejes por los años de 1005.

San Josafat
1623 d.C.



   El martirio de San Josafat, de la Orden de San Basilio, Arzobispo de Polozk, en Witensk en Polonia; al cual dieron cruel muerte los cismáticos en odio de la verdad y la unidad de la Iglesia Católica. Habiendo trabajado extraordinariamente este Santo para reunir los cismáticos de su diócesis a la Iglesia Católica, sus esfuerzos le costaron el sacrificio de su vida, siendo asesinado por los herejes el año 1623. La Congregación de Ritos declaró algunos años después que el martirio de este Santo se hallaba evidentemente probado, y su santidad atestiguada por muchos milagros. Pío IX lo canonizó el 29 de junio de 1867.

San Rufo

   San Rufo, en Aviñón, primer Obispo de esta ciudad. Era el padre de los huérfanos y el consuelo de los afligidos, y en recompensa de sus virtudes el Señor le concedió el don de milagros.

San Emiliano
Siglo VI d.C.



   San Emiliano o San Millan, presbítero en Tarazona, en la España Tarraconense; esclarecido por sus innumerables milagros. San Brauliio, Obispo de Zaragoza, escribió su admirable vida.

San Nilo de Constantinopla

   San Nilo, abad en Constantinopla; el cual de prefecto que era de la ciudad, se hizo monje, y floreció en santidad y doctrina en tiempo de Teodosio el Menor.


San Teodoro Studita

   San Teodoro Studita, en Constantinopla; el cual combatiendo valerosamente por la fe católica contra los Iconoclastas o destructores de las sagradas imágenes, se hizo muy célebre en toda la Iglesia Católica. Le dieron el nombre de Studita porque fue abad del monasterio de Studio, fundado por Studius, cónsul romano, en uno de los arrabales de Constantinopla. Su decisión en defender el culto de las santas imágenes le ocasionó violentas persecuciones; y en los innumerables escritos que publicó contra los herejes de su tiempo reune a una vastísima erudición y solidez inexpugnable una piedad sólida y un estilo claro, conciso y elegante. Feller dice que los que deseen conocer la disciplina y costumbres de la Iglesia griega en los siglos VIII y IX, deben leer las obras de este Santo.

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(Escuela Cima)