Por la muerte del Sumo
Pontífice Silvestre, fue elegido en su lugar y puesto en la silla
de San Pedro, San Marcos, natural de Roma, hijo de Prisco: el cual fue dotado
de grandes virtudes; y aunque vivió con la paz que con el favor del
emperador Constantino tuvo la Iglesia, tuvo que ocuparse en resistir a los
herejes arrianos, que iban multiplicando, y en ordenar todo lo que para
el buen gobierno parecía necesario.
Edificó San Marcos dos templos; el uno en la Via Ardeatina,
a tres millas de Roma; y el otro dentro de la misma ciudad, y cerca del Capitolio:
los dotó de muchas posesiones, y los adornó de vasos de oro
y plata. Concedió al obispo de Ostia que usase de pálio, por
el antiguo privilegio que tiene de consagrar al Sumo Pontífice. Duróle
el pontificado, según San Jerónimo, ocho meses.
El Cardenal Baronio dice que se sentó en la silla
apostólica el 14 de febrero y que murió el 7 de octubre en
que la Iglesia celebra su fiesta, que fue el año 336. imperando Constantino
Magno, y fue sepultado en el Cementerio de Balbina, en la misma Iglesia que
en la Via Ardeatina él había edificado. Y aunque no murió
mártir, es su culto antiquísimo en la Iglesia. Hállase
memoria de un templo de su nombre en uno de los primeros Concilios de Roma,
celebrado en tiempo del Papa Símaco, a fines del siglo V.