SAN FELIX I
269-274 d.C.
San Félix I fue
natural de Roma e hijo de Constancio. Sucedió en el Sumo Pontificado
a San Dionisio. Fue Papa en tiempos de Aureliano, emperador, el cual, aunque
en los primeros años de su Imperio, por estar muy ocupado en grandes
guerras, dejó vivir en paz a los cristianos; pero después que
alcanzó ilustres victorias de sus enemigos y triunfó de ellos
en Roma, movió persecución contra la Iglesia de Cristo, y
fue la novena que ella padeció, y murieron muchos gloriosos Mártires
del Señor por los edictos y crueldad de Aureliano, y entre ellos nuestro
Santo Pontífice Félix I, después de haberlo sido cinco
años y algunos meses más.
En tiempos de San Félix salieron del infierno herejes
para hacer guerra a la Iglesia Católica, Paulo Samosateno de Antioquía,
sirio de nación, y Manés, persa, caudillo y autor de la secta
de los Maniqueos, que duró y afligió tantos años a
la Iglesia del Señor. Pero Félix se opuso valerosamente a
ellos y escribió una carta maravillosa a Máximo, obispo de
Alejandría, de la divinidad y humanidad del Hijo de Dios y de las
dos naturalezas distintas en una persona, en la cual gravemente confuta
los errores de Paulo Samosateno y de Sabelio; y de esta epístola
se hace mención en el Concilio Calcedonense, y San Cirilo Alejandrino
la cita, y se vale de la autoridad de ella contra los herejes.
Ordenó que nadie osase celebrar, sino sólo
los sacerdotes; que la Misa no se pudiese decir fuera del templo, ni en otro
lugar, sin grandísima necesidad; lo cual establecieron también
otros Papas y Concilios, juzgando ser menos inconveniente no oír
Misa, que oírla en lugar profano e indecente.
Determinó que si acaso se dudase de si alguna Iglesia
estaba consagrada o no, que en tal duda se pudiese tornar a consagrar;
pues no se puede decir que se torna a hacer lo que no se sabe de cierto
haberse hecho una vez. Hizo decreto que se celebrasen Misas en honor y
memoria de los Mártires, como hasta entonces se había usado
en la Iglesia, aunque no había decretos de ello. Su martirio fue
en el año del Señor 274. Su santo cuerpo fue sepultado en
la Vía Aurelia, dos millas de Roma, en un cementerio propio suyo,
en donde él había hecho y consagrado un templo.