217-222 d.C.
Este Pontífice
se ha hecho famoso por Las Catacumbas de San Calixto, en Roma, que él
organizó (catacumba: significa cueva subterráneza). Estas
catacumbas son las más famosas de Roma, tienen cuatro pisos sobrepuestos,
y más de 20 kilómetros de corredores. Allí se encuentran
el famoso sepulcro de Santa Cecilia y los sepulcros de muchísimos
mártires de los primeros siglos.
Era un esclavo que en un tiempo estuvo condenado a trabajos
forzados en las minas. Recobrada su libertad se dedicó a estudiar
la religión de Cristo y a enseñarla a sus vecinos. El Papa San
Zaferino lo nombró como su hombre de confianza en el año 199
y le recomendó la dirección de las Catacumbas donde sepultaban
a los cristianos. Calixto ensanchó notablemente estas catacumbas y
las organizó muy bien.
Al morir San Zeferino, el pueblo de Roma elegió como
Sumo Pontífice a Calixto, como el mejor preparado para ello. Pero
se le opuso terriblemente un tal Hipólito, aduciendo como razones para
pedir que lo destituyeran del pontificado, el que Calixto afirmaba que si
un pecador hacía penitencias y dejaba sus maldades se le podía
volver a admitir entre los fieles cristianos católicos, y que a un
obispo no se le podía destituír por un grave pecado que hubiera
cometido, si se arrepentía y empezaba una vida de conversión
y penitencia. Calixto sabía ser cmprensivo.
Este Santo Pontífice convirtió a muchos romanos
al cristianismo curó a varios enfermos que padecían de enfermedades
muy graves, y defendió cuanto más pudo a los creyentes perseguidos.
Ayunaba días y semanas y hasta 40 días seguidos.
Cuando los perseguidores lo llevaron preso por proclamar su fe en Jesucristo,
le echaron a un oscuro calabozo, esperando que se desesperaría de
hambre. Pero después de unos días lo encontraron muy tranquilo.
Le preguntaron cómo lograba mantenerse sereno sin comer ni beber y
les dijo: "Acostumbré a mi cuerpo a pasar días y semanas sin
comer ni beber, y esto por amor a mi amigo Jesucristo, así que ya soy
capaz de resistir sin desesperarme".
En la cárcel consiguió con sus oraciones la
sanación de la esposa del carcelero cuando ya la pobre mujer estaba
agonizando. En acción de gracias, el carcelero y toda su familia se
hicieron bautizar por él.
Entonces el jefe pagano de Roma ordenó que lo echaran
en un pozo profundo y que cubrieran la boca del pozo con tierra y escombros.
Todavía en Roma señalan los turistas el pozo de San Calixto,
desde donde su alma voló al cielo a recibir el premio prometido por
Cristo Jesús a los que lo proclaman en la tierra.