El Purgatorio es un lugar de
purificación, en donde las almas justas que no han expiado completamente
sus pecados, los expían con graves sufrimientos antes de entrar
al cielo.
Respecto al Purgatorio son verdades de fe: a) que existe
como lugar de expiación; b) que podemos ayudar a las almas allí
detenidas.
La existencia del Purgatorio está claramente enseñada
en el Magisterio, implícitamente contenida en la Escritura, y confirmada
por la misma razón.
Baste citar estas palabras del Concilio de Trento: "La
Iglesia Católica enseña que hay un Purgatorio y que las
almas allí detenidas reciben alivio por los sufragios de los fieles,
principalmente por el Santo Sacrificio de la Misa"
El libro de los Macabeos narra cómo Judas envió
doce mil dracmas de plata a Jerusalén, "para que se ofreciese un
sacrificio por los muertos en el combate", agrega "Es cosa santa y saludable
el rogar por los difuntos a fin de que sean libres de sus pecados" (2 Macabeos
12,45). Pues bien, si no hubiera Purgatorio, esta práctica no sería
santa y saludable, sino inútil; pues ni las almas del cielo necesitan
oraciones, ni las almas del infierno pueden aprovecharlas.
Hay almas que mueren en gracia de Dios pero sin haber
expiado convenientemente sus pecados. Pues bien, Dios sería injusto
al condenarlas, porque están en gracia y sería injusto el
introducirlas al cielo, porque no han satisfecho debidamente a su justicia.
Debe, pues, existir para estas almas un lugar intermedio, donde se purifiquen
antes de entrar al cielo.
Dos clases de pena se sufren en el Purgatorio: la pena
de daño o privación de la vista de Dios; y la de sentido,
que consiste en el fuego y otros padecimientos.
a) Respecto a su intensidad, sabemos que son proporcionados
al número y gravedad de los pecados; y que son mucho más
intensas que los sufrimientos de esta vida; pero que las benditas almas
sufren con resignación, y aún con alegría, por la
certidumbre de su salvación.
b) Respecto a su duración, no tenemos dato cierto.
Sin embargo, es claro que socorrer a las benditas ánimas es: 1)
grato a Dios, quien las ama tiernamente, y quiere verlas pronto en su gloria;
2) provecho para ellas, que nada pueden por sí mismas ya que ha pasado
el tiempo de satisfacer; 3) útil a nosotros, pues se convertirán
en poderosas intercesoras nuestras.
En especial hemos de pedir por aquéllas con quienes
nos unen vínculos de parentesco, amistad y gratitud; y por aquéllas
que puedan estar sufriendo por causa nuestra.
Podemos socorrer a las benditas almas con: oraciones,
comuniones, limosnas y buenas obras, por indulgencias ganadas en su favor,
y sobre todo por el Santo Sacrificio de la Misa.
Conviene destacar que la palabra Purgatorio viene del
verbo purgar, que significa limpiar, purificar, eliminar. Tal palabra
no aparece como tal en la Sagrada Escritura, de ahí se valen numerosos
protestantes para decir que el Purgatorio no existe. Sin embargo la palabra
Purgatorio tiene sinónimos o conceptos iguales que sí aparecen
en la Biblia. Pudiendo hacer un análisis reflexivo del Purgatorio
a través de la Sagrada Escritura.
Dios siempre perdona nuestros pecados, pero no deja
sin castigo ninguno de ellos. Pensemos en el hijo que se porta mal con
su padre, el padre lo perdona, pero le pide que haga algo para reparar
el daño que hizo, lo mismo hace el Señor con nosotros, veamos
algunos ejemplos de la Biblia: "¡El Señor! ¡El Señor!
¡Dios tierno y compasivo, paciente y de grande amor y verdad! Por
mil generaciones se mantiene fiel en su amor y perdona la maldad, la rebeldía
y el pecado; pero no deja sin castigo al culpable" (Éxodo 34,6-7).
"No digas: "Dios es muy compasivo; por más que yo peque, me perdonará".
Porque Él es compasivo, pero también se enoja y castiga con
ira a los malvados" (Eclesiástico 5,6).
En este sentido si una persona muere ya perdonada de sus
pecados, es decir, en gracia de Dios, pero sin haber reparado el daño
causado por ellos, no puede entrar al cielo, pues en el cielo no entra nada
manchado (Apocalipsis 7,9), pero tampoco puede irse al infierno pues ya
está perdonada por Dios, solo que le hace falta pagar la deuda que
debe por sus pecados. Es entonces cuando la misma razón nos dice que
hay un estado en el que las almas se purifican para después ir a
gozar de la felicidad eterna del cielo.
Jesús hace referencia a que ciertos pecados pueden
ser perdonados en la otra vida "Dios perdonará incluso a aquel
que diga algo contra el Hijo del hombre; pero al que hable contra el Espíritu
Santo, no lo perdonará ni en esta vida ni en la otra" (Mateo 12,32).
Como vemos las referencias al Purgatorio se encuentran
en la Biblia, la razón nos lo confirma y además la Santa Iglesia
nos ha enseñado siempre que el Purgatorio existe. Que nadie nos quite
la devoción de orar por nuestros fieles difuntos, para que si todavía
le deben algo al Señor por sus pecados puedan irlo pagando con nuestras
oraciones por ellos y con su sufrimiento en el Purgatorio. Nosotros desde
aquí en la tierra podemos ir reparando todos nuestros pecados. El
pensamiento de la existencia del Purgatorio debe llevarnos a evitar el pecado
y a reparar aquellos que ya hemos cometido.